Pleno del futuro: 10 orejas y todos a hombros en espléndida novillada de El Juli

ZABALA DE LA SERNA / EL MUNDO. Reaparecía Posada de Maravillas tras atravesar un calvario de nueve meses desde que se cortó los tendones de la mano derecha con la espada. Como Dios a veces recompensa el sufrimiento y los esfuerzos, le puso en el camino el novillo ideal para salir del túnel amargo y recuperar el sentido y la sensibilidad de su toreo. Posada lo gozó con aquel tranquito de más tan humillado y la clase cogida con alfileres de los que al final el utrero se dependió. Porque duró mucho tan bien cuidado por otra parte. El nieto de Juan alternó a media altura ambos pitones constantemente, pero por la mano convaleciente se sintió más acoplado y feliz. Tanto, que el final ya arrastrando la muleta en redondo resultó superior, como los pases de pecho. El broche a dos manos lo pintó con auténticos carteles de toros. Inmejorable. Y mejorable la colocación de la espada las dos orejas hicieron honor a lo visto y a los nueve meses desesperado. Honores también a la calidad del novillo de El Freixo (Juli).

Ginés Marín salió al ataque. O muy atacado y no menos presionado. Televisarle dos seguidas tan nuevo por muchos valores que le hayamos cantado… Entre ellos el valor. De verdad. Lo demostró otra vez para remontar un talegazo descomunal al recibir al fuerte y encastado segundo por faroles de rodillas. Se le quedó debajo, apuró para no levantarse y el torete lo lanzó contra las tablas. Milagro. Un quite por caleserinas lo cerró con media verónica achenelada. Exigió mucho la embestida motorizada. Ginés presto y dispuesto se dobló en el caro prólogo de faena. Marcaba el trepidante ritmo el animal. No era fácil siendo franco. Había que engancharlo por delante y poderle mucho por abajo. Al natural sucedió y de nuevo asomó su gran concepto. Gastado en los finales el toro, Marín se metió entre los pitones con descaro y luego lo crujió de un espadazo que le aseguró la puerta grande.

El debutante Pablo Aguado se clavó en los medios de rodillas y allí empezó la batalla por faroles con el rebrincado y altón tercero. Se escapó por los pelos. Molestó tela el berreón bicho de El Freixo tan protestón. El imberbe Aguado quiso y no pudo más que defenderse y apuntar un aire espigado y vertical con la zurda entre cabezazos.

También debutaba Juan Carlos Carballo, que manejó el capote con soltura en largas cambiadas y verónicas de salida. ¡Ah!, y en un quite afarolado. Carballo sacó desparpajo, arrojo, frescura e inesperado oficio desde sus chaparras hechuras. Se entendió por el mejor pitón izquierdo del buen utrero y conectó mucho con la gente, que se rindió a unas manoletinas con la muleta plegada -lo que dejaba la muleta en su tamaño normal-, un desplante y una estocada delanterilla que puso fin a su larga y currada obra: dos orejas con una parroquia de fieles entregada.

En la segunda parte de la novillada de esta “genialidad” de ocho, repetía turno Posada con un quinto enrazado pero que colocaba bien la cara y repetía con pistón. Se dejó tocar mucho la muleta sin atreverse o acertar con la clave de bajar la mano.

Ginés volvió por su senda auténtica de embroque y zurda de oro con un sexto al que también había toreado a la verónica con sello. Esperó, templó y se enroscó la profunda embestida del novillo de El Freixo con carisma. Superó la laguna mental de abandonar la izquierda con la misma izquierda: por la derecha no era y se enredó. Pero la categoría de los últimos naturales dormidos de muleta muerta le pusieron en su sitio. Media estocada en dos tiempos y una oreja de peso. Otra pegada más de tres, diferentes al viernes.

Y cuando la mañana de extendía hacia la tarde, pues eran las dos, Aguado causó un sorpresón con un séptimo de una calidad semejante a la del primero. Vertical y elegante ahora dibujó series con cadencia relajada. Se tiró a matar de verdad y media estocada bastó para subirse al carro de la salida a hombros del futuro. El destino dirá, pero el hoy fue espléndidamente ilusionante en sus diferentes grados de proyección.

Carballo se fue a portagayola ¡con el capote a la espalda! Además de desparpajo, pelés, que diría Pepe Teruel. Con la muleta siguió el aire novilleril de darlo todo, de nuevo con mejor manejo de la izquierda que la derecha. Y un arrimón de nota como el novillo de cierre de El Juli. La espada no se interpuso para redondear con otra oreja, la décima.

Ficha del festejo

Plaza de Olivenza. Domingo, 8 de marzo de 2015. Tercera de feria. Media entrada larga. Novillos de El Freixo (Juli), parejos, bien comidos y de agradables caras; superior de tranco, humillación y calidad el 1º; encastado y más apretado el 2º; rebrincado y molesto el altón 3º; de muy buen pitón izquierdo el 4º; enrazado y repetidor el 5º; de profunda embestida zurda el 6º; de clase similar al 1º la del 7º; noble también el 8º.
Posada de Maravillas, de blanco y oro viejo. Estocada caída (dos orejas). En el quinto, estocada delanterilla y atravesada (silencio).
Ginés Marín, de rosa palo y oro. Gran estocada (dos orejas). En el sexto, estocada. Aviso (oreja).
Pablo Aguado, de rioja y oro. Estocada rinconera (petición y saludos). En el séptimo, media estocada (dos orejas).
Juan Carlos Carballo, de celeste y oro. Estocada delantera. Aviso (dos orejas). En el octavo, dos pinchazos y estocada. Aviso (oreja). Salió a hombros con su compañeros.